Aseguran que pueden frenar la plaga de hormigas argentinas.
Científicos de la Universidad de California descubrieron que disminuyendo el nivel de humedad de su hábitat se consigue reducir su número. La especie, surgida en el país, sólo es dañina en el extranjero.
Llegaron de muy lejos y ahora las quieren eliminar. En realidad, controlar. Las hormigas argentinas, aquellas que pertenecen a la especie Linepithema humile, recorrieron un largo camino desde que hace aproximadamente 100 años viajaron como polizones en barcos cerealeros y conquistaron parte de Europa y de América del Norte.
Linepithema humile. Apenas bajaron de las embarcaciones intentaron ganarse un lugar. Y les fue tan bien en su “cruzada” que con los años llegaron a convertirse en plaga. Pero el destino de plaga no es bien visto cuando empieza a provocar inconvenientes. En los Estados Unidos, por ejemplo, están dispuestos a darles batalla. La Universidad de California, en San Diego, ideó un método para controlar su expansión. Quieren frenarla porque perjudica, especialmente, a las lagartijas con cuernos que viven en las zonas costeras de California. Arrasan con el alimento de esos animales y, así, les provocan un grave trastorno para su supervivencia. El método que desarrollaron en San Diego no es extraordinario, pero parece que bien aplicado sería efectivo. Estudiaron el modo en que influyen los suelos húmedos para favorecer la dispersión y asentamiento de esta especie. Observaron que la afinidad es alta; y en base a esos datos programaron niveles de humedad y sequía para confirmar qué hacer con ellas. “Se basaron en hechos ya conocidos, pero para ellos son una plaga preocupante y por eso necesitan ensayar diferentes modos de control”, reflexiona Patricia Folgarait, una mirmecóloga (experta en hormigas) eminente que trabaja en la Universidad de Quilmes (UNQ) en colaboración con otras universidades del mundo para elaborar metodologías de control biológico sobre estos diminutos animales. Folgarait, que co-dirige el Programa de Investigaciones en Interacciones Biológicas de la UNQ, no se muestra sorprendida por el método de los californianos y sus resultados, pero destaca que el estudio de las hormigas plantea desafíos a medida que se avanza en el conocimiento de sus hábitos y características. Y que con ellas es posible profundizar en temas tan disímiles como el control biológico de las poblaciones o la estructura social que poseen, algo que suele difundirse ya en la escuela primaria. “Para controlarlas podemos utilizar nuestros propios sistemas de irrigación; con agua se sienten más cómodas, sin agua, sus colonias no prosperan”, señaló David Holway, profesor asistente de Biología y una de las cabezas del estudio de California. Los experimentos que le permitieron arribar a esa conclusión se hicieron en cinco lugares de San Diego: dos reservas naturales de la Universidad de California, y otros tres sitios de monitoreo de especies. Durante seis meses controlaron la irrigación de esas zonas, en los meses de mayo a octubre, y observaron el efecto en las colonias. Luego de tres meses, concluyeron que en las parcelas irrigadas la población había crecido hasta en un 38 por ciento y que eso no había ocurrido donde la irrigación fue menor. Hace un tiempo, cuando todavía no tenían entre manos este método de control, la preocupación se centraba en analizar los daños que estaban provocando con su exótica invasión. “Podrían ser desastrosas para todo un ecosistema”, advirtió el investigador Andrew Suárez cuando se revelaron los resultados de las primeras investigaciones. En esa oportunidad, delimitaron la región en donde habían logrado asentarse: desde la Bahía de San Francisco hasta los ríos y arroyos cercanos a Sacramento, aunque también se las podía encontrar a lo largo de la costa del sur de California.
Ya en 1997 se consideraba a Linepithema humile como una plaga superior en número a las pulgas y a las cucarachas. Se decía que, en forma sostenida, estaba provocando una considerable baja en la población de colonias de hormigas locales, que eran más grandes pero menos agresivas. Y eso afectaba, indirectamente, a los animales que se alimentaban de ellas. La lagartija con cuernos fue la primera en ser perjudicada: al escasear las hormigas autóctonas comenzó a alimentarse de escarabajos. Con el tiempo, ese cambio de hábitos fue terrible para su supervivencia. Primero la afectó en su crecimiento y después, en su capacidad de reproducción. No son sólo otros animales los que padecen a la hormiga argentina. La agricultura es también un blanco, y por partida doble. Porque matan o desplazan a las hormigas locales, que contribuyen a desparramar las semillas, y que son las mismas que ayudan a diseminar a los pulgones. Para los granjeros, las cosechas más vulnerables son las de tomates, cítricos y paltas. Preocupados por el avance de la plaga utilizaron insecticidas poderosos. Se estima que ya se gastaron en California alrededor de 200 millones de dólares en veneno para erradicarlas. Para los especialistas, ese tipo de control es el que se denomina químico. Clásico y antiguo, últimamente está siendo reemplazado por el control biológico, que intenta ser menos agresivo y ataca a las hormigas utilizando a sus propios parasitoides.
En la Argentina, donde no hacen daño alguno, se las estudia para entender el porqué de sus hábitos. Aquí no son plaga, ni son exóticas y se “portan bien”.
Fuente: Diario Clarín
Autor: Eliana Galarza
martes, 2 de octubre de 2007
Hormigas argentinas invasoras.
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Etiquetas: Ecología, Especies Invasoras, Zoología
jueves, 20 de septiembre de 2007
Moluscos invasores llegaron para quedarse.
El problema de las especies exóticas ha sido poco difundido, pero es identificado por expertos como uno de los mayores riesgos para los cuerpos de agua continentales y los océanos.
MONTEVIDEO.- Pequeños moluscos exóticos llegados desde Asia y África a la sudamericana cuenca del Río de la Plata desplazan a especies locales, se multiplican por millones, obstruyen redes de agua potable, dificultan la navegación y dañan sistemas hidroeléctricos. Son imposibles de erradicar, advierten los expertos. Estas especies viajan como larvas en las aguas de lastre, cargadas por los buques en sus puertos de partida para ganar peso y mejorar la estabilidad, y descargadas cuando llegan a zonas poco profundas, como el Río de la Plata. También llegan como ejemplares adultos, adheridos a cascos, cadenas y quillas. Así introducidos, estos organismos desplazan a especies autóctonas y modifican las condiciones ambientales, alerta un estudio realizado por especialistas del Museo Argentino de Ciencias Naturales, el Museo de La Plata, la Universidad de Mar del Plata y el Instituto Argentino de Oceanografía.
Adulto de Limnoperna fortunei
Sin enemigos naturales (predadores o competidores por los recursos) y con gran capacidad para adaptarse a nuevas condiciones, se expanden rápidamente. En pocos años, remontaron hacia el norte los ríos de la cuenca, como el Uruguay y el Paraná, hasta llegar a Brasil y Paraguay, y se extendieron hacia el sur por la costa atlántica argentina. Su erradicación es “absolutamente imposible”, dijo a Tierramérica el biólogo marino argentino Pablo Penchaszadeh, responsable de la investigación que forma parte del Proyecto de Protección Ambiental del Río de la Plata y su Frente Marítimo (Freplata), una iniciativa conjunta argentino-uruguaya con apoyo internacional.
El más dañino es el mejillón dorado o Limnoperna fortunei, un bivalvo de agua dulce procedente de China y el sudeste de Asia, que no suele explotarse para consumo humano porque mide apenas de 10 a 25 milímetros. “Desde su primera detección en Argentina, en 1991, avanzó casi 250 kilómetros por año y se ha convertido en una verdadera peste”, dijo Penchaszadeh. El mejillón dorado se reproduce a un ritmo alarmante, pues cada hembra pone miles de larvas. Por su capacidad de adherirse a cualquier superficie dura, forma colonias que obstruyen por completo tuberías, filtros y canales de riego. En 1996, el mejillón invadió los ríos Paraná y Paraguay, en 1999 llegó a la cuenca del río Guaíba, en Brasil, y en 2001 apareció en el río Uruguay. En apenas cuatro años su densidad pasó de cuatro o cinco individuos por metro cuadrado a más de 150 mil ejemplares por metro cuadrado.
A medida que el mejillón ocupa espacios, modifica la fauna local, desplazando especies nativas de moluscos. Antes de la llegada del mejillón dorado al balneario argentino Bagliardi, sobre el Río de la Plata, eran comunes allí tres especies de caracoles (Heleobia piscium, Chilina fluminea y Gundlachia concéntrica). Pero tras la aparición del molusco invasor, las dos últimas sólo se ven accidentalmente, según el investigador Gustavo Darrigran, quien detectó a la limnoperna en 1991. La invasión llegó a afectar el abastecimiento de la planta potabilizadora de Obras Sanitarias del Estado (OSE) en Aguas Corrientes, sur de Uruguay. El bivalvo está instalado en todas las represas hidroeléctricas de la región del Mercosur (integrado por Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay) como Salto Grande, sobre el río Uruguay, e Itaipú y Yaciretá, en el río Paraná. Por él se han reforzado las tareas de mantenimiento y limpieza para prevenir un colapso general de los sistemas. La Corbicula fluminea, una almeja procedente de Turquía, Japón, Indonesia, Australia y Africa, vive enterrada en la arena y también obstruye cañerías y canales de riego, aunque sin fijarse en ellos. Como la almeja es acumuladora de sustancias tóxicas, puede tener efectos nocivos en la salud de la población, pues sirve de alimento a peces de consumo humano. Otros invasores son cierto tipo de poliquetos, gusanos que viven dentro de pequeños tubos muy cortantes y crecen en colonias hasta formar arrecifes, que en Brasil llegan a medir hasta un kilómetro y pueden provocar serios problemas al buceo. La velocidad de reproducción y la ausencia de medidas preventivas hacen de las especies invasoras un problema explosivo.
El Freplata propone establecer un sistema para controlar el agua de lastre de los barcos antes de que sea volcada al río. Para salir del paso, las autoridades aplican biocidas específicos o utilizan pinturas repelentes, pero todas estas sustancias son contaminantes. Una medida inocua, pero poco práctica, es extraer del agua colonias enteras de moluscos. “Apuntamos a la prevención de invasiones de nueva fauna y a que los métodos utilizados para el control de los organismos ya instalados no resulten más perjudiciales que los propios invasores”, explicó Penchaszadeh, que integra el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas de Argentina. Los gobiernos no cuentan con estudios sobre los perjuicios económicos y la población desconoce el fenómeno, aunque “el costo de mantenimiento y limpieza de las instalaciones se refleja en las tarifas de los servicios” de agua o electricidad, señaló a Tierramérica el especialista en asuntos económicos y sociales del Freplata, Hugo Roche. “La globalización de la economía hace de las especies invasoras un fenómeno mundial. Para los especialistas es una de las cuatro grandes amenazas a los cuerpos de agua continentales y los océanos, junto con las fuentes terrestres de contaminación, la sobreexplotación de recursos pesqueros y la alteración o destrucción de hábitat”.
La Organización Marítima Internacional cuenta con un programa específico para ayudar a los países en desarrollo a reducir la transferencia de organismos nocivos a través de las aguas de balasto de los barcos.
Autora: María Laura Mazza.
Origen: Tierramérica.
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Etiquetas: Ecología, Especies Invasoras, Malacología, Zoología